La Televisión Digital Terrestre española ha sido, desde el primer
momento, algo muy controvertido en nuestro país, que ha causado grandes
polémicas tanto por su puesta en marcha y funcionamiento como por su gestión por
parte de los distintos gobiernos de nuestro país. El último episodio se ha
producido este mismo mes de octubre, cuando el Gobierno del Partido Popular, ha
licitado seis nuevas licencias de TDT, en un concurso muy cuestionado y opaco.
En el año 2000, nacía la plataforma Quiero TV, la primera prueba
de la televisión digital en nuestro país. Dos años más tarde, la empresa
cerraría por dudosa rentabilidad del proyecto; algo bastante alentador que
marcaría el fracaso del sistema de televisión digital español. Hubo que esperar
hasta 2005 para que se relanzara la TDT y con ello nacían dos nuevas cadenas
generalistas y analógicas; Cuatro – usando la licencia de Canal + pero en
abierto – y LaSexta. Algo no iba bien, si se trataba de relanzar la televisión
digital, porque el Gobierno fomentaba por otra parte la televisión convencional
concediendo una nueva licencia de televisión analógica. Pese a ello, se
pusieron en marcha 20 nuevos canales digitales, que fueron a parar en su gran
mayoría a los operadores tradicionales: RTVE, Antena 3, Telecinco y Sogecable.
Además, a LaSexta también se le dio dos licencias digitales, junto con dos
nuevos actores en el panorama audiovisual español Net TV y Veo TV.
La implantación de la tecnología digital empezaba con mal pie en nuestro
país, promoviendo la monopolización de los nuevos canales por parte de “los de
siempre” y regalando a dos grupos empresariales con poca tradición en lo
Audiovisual (Net y Veo) 8 canales, algo que años más tarde llevaría al arrastre
sus modelos de negocio.
Por imposición europea, el Gobierno tuvo que llevar a cabo un Real
Decreto 944/2005 por el cual se
contemplaba el cese de las emisiones en analógico el 3 de abril de 2010.
Además, a partir de ese momento, las televisiones mantuvieron sus canales y se
beneficiaron de la adjudicación directa – sin concurso previo – de tres canales
digitales nuevos cada uno. Nada de nuevos actores, nada de pluralismo. La Ley
General de Comunicación Audiovisual (2010) expresa que “el único medio de
otorgamiento de nuevos canales (art 22.3) es la licencia previa otorgada
mediante concurso por la autoridad audiovisual competente”. Este incumplimiento
de la ley en la adjudicación de canales fue recurrido ante el Tribunal Supremo
por la empresa Infraestructuras y Gestión 2002, SL, una empresa que fue
denunciada por emitir sin licencia en Cataluña en multitud de ocasiones. La
sentencia finalmente fue favorable para la empresa y, el 6 de mayo de 2014
nueve canales se fueron a negro.
Entremedias, numerosos canales fueron cerrando por mala gestión y
por inferioridad de condiciones en un sistema televisivo de monopolio fomentado
desde los distintos gobiernos.
En mayo de este mismo año 2015, el Gobierno de Mariano Rajoy
decidió volver a convocar un concurso para adjudicar seis nuevas licencias de
televisión; demasiado tarde, la TDT ha pasado ha mejor vida y las grandes
plataformas de pago son las que están copando el mercado audiovisual.
Hace unos días se conocían los adjudicatarios de esas seis nuevas
licencias, tres en Alta definición y tres en definición estándar. Las tres
primeras licencias – en alta definición -
las “conseguían” los causantes del monopolio en la televisión actual,
Atresmedia y Mediaset, y la tercera el Club de Fútbol Real Madrid. Las tres
últimas – en estándar – irían a parar a manos del Grupo Secuoya (productora de
contenidos), 13 TV (Conferencia Episcopal) y Radio Blanca (propietaria de Kiss
FM). La polémica estaba servida de nuevo, pues el monopolio aumentaba y se
adjudicaban canales a empresarios afines al Gobierno del Partido Popular. De
nuevo, los no premiados con licencias de televisión, Prisa y Vocento, están
pensando seriamente en impugnar el concurso.
Esto es un ejemplo de mala gestión y del fracaso del modelo
televisivo en nuestro país, donde los políticos siguen adjudicando nuevos
canales de televisión, cuando el índice de consumo del medio ha perdido la
batalla frente a Internet y frente las conglomerados de pago como son
Telefónica y Vodafone. Además, un nuevo actor ha entrado en nuestro país para
seguir sacudiendo este sector, ese es Netflix, el gigante de la televisión ip,
que está dispuesto a captar un tercio de los consumidores de contenidos en
menos de siete años.
Por tanto, es necesario un cambio de modelo y de saber mirar al
futuro, donde está la iptv en lo alto de la cumbre, y dejar de favorecer la
televisión tradicional donde el mercado ya está totalmente repartido y no hay
cabida ni ningún modelo de negocio capaz de luchar ante Atresmedia y Mediaset. El
fin de la TDT es claro y los consumidores y empresarios lo saben. La pregunta
es si los gobiernos lo saben y si son capaces de lograr la ansiada
independencia televisiva, en vez de usar las adjudicaciones como modo de
presión y chantaje ante los empresarios y magnates de la comunicación. Una
batalla perdida.
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