domingo, 25 de octubre de 2015

OBSOLESCENCIA CIEGA DE LA TDT ESPAÑOLA


La Televisión Digital Terrestre española ha sido, desde el primer momento, algo muy controvertido en nuestro país, que ha causado grandes polémicas tanto por su puesta en marcha y funcionamiento como por su gestión por parte de los distintos gobiernos de nuestro país. El último episodio se ha producido este mismo mes de octubre, cuando el Gobierno del Partido Popular, ha licitado seis nuevas licencias de TDT, en un concurso muy cuestionado y opaco.

En el año 2000, nacía la plataforma Quiero TV, la primera prueba de la televisión digital en nuestro país. Dos años más tarde, la empresa cerraría por dudosa rentabilidad del proyecto; algo bastante alentador que marcaría el fracaso del sistema de televisión digital español. Hubo que esperar hasta 2005 para que se relanzara la TDT y con ello nacían dos nuevas cadenas generalistas y analógicas; Cuatro – usando la licencia de Canal + pero en abierto – y LaSexta. Algo no iba bien, si se trataba de relanzar la televisión digital, porque el Gobierno fomentaba por otra parte la televisión convencional concediendo una nueva licencia de televisión analógica. Pese a ello, se pusieron en marcha 20 nuevos canales digitales, que fueron a parar en su gran mayoría a los operadores tradicionales: RTVE, Antena 3, Telecinco y Sogecable. Además, a LaSexta también se le dio dos licencias digitales, junto con dos nuevos actores en el panorama audiovisual español Net TV y Veo TV.

La implantación de la tecnología digital empezaba con mal pie en nuestro país, promoviendo la monopolización de los nuevos canales por parte de “los de siempre” y regalando a dos grupos empresariales con poca tradición en lo Audiovisual (Net y Veo) 8 canales, algo que años más tarde llevaría al arrastre sus modelos de negocio.



Por imposición europea, el Gobierno tuvo que llevar a cabo un Real Decreto 944/2005  por el cual se contemplaba el cese de las emisiones en analógico el 3 de abril de 2010. Además, a partir de ese momento, las televisiones mantuvieron sus canales y se beneficiaron de la adjudicación directa – sin concurso previo – de tres canales digitales nuevos cada uno. Nada de nuevos actores, nada de pluralismo. La Ley General de Comunicación Audiovisual (2010) expresa que “el único medio de otorgamiento de nuevos canales (art 22.3) es la licencia previa otorgada mediante concurso por la autoridad audiovisual competente”. Este incumplimiento de la ley en la adjudicación de canales fue recurrido ante el Tribunal Supremo por la empresa Infraestructuras y Gestión 2002, SL, una empresa que fue denunciada por emitir sin licencia en Cataluña en multitud de ocasiones. La sentencia finalmente fue favorable para la empresa y, el 6 de mayo de 2014 nueve canales se fueron a negro.

Entremedias, numerosos canales fueron cerrando por mala gestión y por inferioridad de condiciones en un sistema televisivo de monopolio fomentado desde los distintos gobiernos.

En mayo de este mismo año 2015, el Gobierno de Mariano Rajoy decidió volver a convocar un concurso para adjudicar seis nuevas licencias de televisión; demasiado tarde, la TDT ha pasado ha mejor vida y las grandes plataformas de pago son las que están copando el mercado audiovisual.

Hace unos días se conocían los adjudicatarios de esas seis nuevas licencias, tres en Alta definición y tres en definición estándar. Las tres primeras licencias – en alta definición -  las “conseguían” los causantes del monopolio en la televisión actual, Atresmedia y Mediaset, y la tercera el Club de Fútbol Real Madrid. Las tres últimas – en estándar – irían a parar a manos del Grupo Secuoya (productora de contenidos), 13 TV (Conferencia Episcopal) y Radio Blanca (propietaria de Kiss FM). La polémica estaba servida de nuevo, pues el monopolio aumentaba y se adjudicaban canales a empresarios afines al Gobierno del Partido Popular. De nuevo, los no premiados con licencias de televisión, Prisa y Vocento, están pensando seriamente en impugnar el concurso.

Esto es un ejemplo de mala gestión y del fracaso del modelo televisivo en nuestro país, donde los políticos siguen adjudicando nuevos canales de televisión, cuando el índice de consumo del medio ha perdido la batalla frente a Internet y frente las conglomerados de pago como son Telefónica y Vodafone. Además, un nuevo actor ha entrado en nuestro país para seguir sacudiendo este sector, ese es Netflix, el gigante de la televisión ip, que está dispuesto a captar un tercio de los consumidores de contenidos en menos de siete años.

Por tanto, es necesario un cambio de modelo y de saber mirar al futuro, donde está la iptv en lo alto de la cumbre, y dejar de favorecer la televisión tradicional donde el mercado ya está totalmente repartido y no hay cabida ni ningún modelo de negocio capaz de luchar ante Atresmedia y Mediaset. El fin de la TDT es claro y los consumidores y empresarios lo saben. La pregunta es si los gobiernos lo saben y si son capaces de lograr la ansiada independencia televisiva, en vez de usar las adjudicaciones como modo de presión y chantaje ante los empresarios y magnates de la comunicación. Una batalla perdida.


martes, 20 de octubre de 2015


¿Perdone, se puede?




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